Tópico Difícil #1: La Muerte

 Tópico Difícil #1: La Muerte



Esta tarde pasé unos momentos en el funeral de alguien que nunca conocí. Pero, ¿cómo llegué allí? Pues bien, hace tres semanas, una persona relacionada a mi trabajo perdió un nieto: un joven de apenas catorce años de edad. Debido a mi vida profesional (trabajo con personas ancianas) la asistencia a funerales lamentablemente se ha convertido en algo un poco más habitual en los últimos años. Además de eso, también entiendo que según vamos creciendo, más y más personas que conocemos tristemente llegan a fallecer... 

Pero esta vez fue diferente. No sé si todo el mundo piensa como yo, pero cuando fallece una persona avanzada en edad, aunque la extrañemos, muchos podemos llegar a concluir que ya el evento era un tanto inevitable. Y también nos conforta un poco el saber que una persona anciana tuvo una larga vida y que posiblemente dejó buenas memorias y lecciones a los que aún vivimos. Pero hoy, al ver este chico adolescente en el ataúd, sentí mucha confusión. Lo único que pensaba era que él no tuvo la oportunidad de crecer más, vivir más, terminar sus estudios, cumplir sus sueños, aprender tantas cosas, incluso llegar equivocarse más y tropezar en la vida, pero aún así usar esas experiences para llegar a ser su propia persona. No. Su vida solamente fue como un libro con una introducción, un capítulo, y nada más.

En la sala de la funeraria había mucho llanto. Una dama, quien supuse era una tía, estaba totalmente devastada y oraba por un milagro. Un caballero, quizás un tío, de la incredulidad tan grande prácticamente se desmayaba. La escena era muy triste y devastadora. También habían chicos y chicas adolescentes, posiblemente amigos y compañeros de estudio. Todos estaban solemnemente tratando de entender por qué la vida de este joven concluyó abruptamente. 

Mientras estaba contemplando y cuestionándome a mí mismo, recordé que ya había tenido un momento parecido hace cuatro años atrás cuando, en otro funeral de alguien que tampoco conocí, se lamentaba el fallecimiento de una pequeña niña de menos de un año. Entonces hoy, muchas de las preguntas que me hacía volvieron a resurgir. El joven del funeral de hoy perdió contra una enfermedad un poco desconocida, sorpresiva y sin explicación que acabó con su vida. La bebé de unos años atrás tuvo aún menos oportunidades de disfrutar la vida.

Hace un poco más de dos semanas una ex-compañera de trabajo murió en República Dominicana. Después de haberse enfermado repentinamente el año pasado, renunciar, buscar tratamiento médico y mudarse a nuestro país natal, ella tuvo varias caídas y su salud empeoraba  poco a poco y casi sin explicación. Aunque una vez después de que empezó a enfermarse pudo recobrar fuerzas y vino a visitarnos, nade se esperaba su repentina partida. Siempre sentía que la iba a volver a ver. Sin embargo, en el plazo de unas horas recibimos tres noticias: tuvo un desmayo, fue a cuidados intensivos, y falleció.

La muerte es algo que todos vamos a experimentar en algún momento, pero nadie la puede entender completamente, y muy pocos la pueden aceptar de una vez. Toma mucho tiempo acostumbrarse a la ausencia de alguien porque, mientras más cercana es la persona, más difícil es seguir adelante sin ella. Lo que resta después de que alguien se va son los recuerdos, los aprendizajes, y el amor dado y recibido.

Si hay algo que he aprendido de las pérdidas de mi propia familia, es la unidad que se crea en los momentos fúnebres. Y también me siento agradecido de dar y recibir mucho cariño en vida, porque es la única oportunidad de recibirlo y reciprocarlo. Para finalizar, quiero hacer memoria de algunos familiares que siempre llevo en mi corazón - pensando que, de la misma manera que he podido desarrollar fuerza y tener resignación por las pérdidas, así puedan hacerlo las familias de estas personas que he mencionado.

 Mi abuelo materno, Camilo Guerrero, quien falleció en República Dominicana y no pude ir a su funeral. El que cosechaba la tierra en Higüey.

Su esposa, mi abuela Silvina Castillo, quien falleció en República Dominicana y no pude ir a su funeral. La de la eterna sonrisa que amaba tocar el pandero en la iglesia.

♡ Mi tía Rosa Guerrero, quien murió a destiempo a los 33 años de edad de cáncer cervical en los años noventa. Una de las mujeres más hermosas que he visto en mi vida. El primer funeral que fui en mi vida cuando tenía siete años.

♡ Mi primo Jonathan Marte, quien fue atropellado por un camión en República Dominicana mientras conducía su motocicleta. No pude ir a su funeral.

♡ Mi primo Emmy Marcelino, quien falleció en Long Island mientras estaba visitando a mi hermana no muy lejos de donde él vivía. No lo había visto en casi treinta años. Un grupo de mi familia manejamos cinco horas de ida y cinco de vuelta para darle el último adiós.

♡ Mi primo Milton Laureano, quien padeció de leucemia. Un chico muy trabajador, hijo único, el orgullo de su madre. Asistí a su entierro en Salem. 

♡ Mi tío Octavio Márquez, asesinado por disparo en Florida hace trece años. Una de mis personas favoritas en la vida y alguien que me hacía muy feliz cuando era niño con muchos regalos, cariño, y chistes. Y quien me decía "mi niño lindo" cuando ya era un adulto. No pude asistir a su funeral. 

E. P. D.


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